Embajador dominicano: España tuvo su catarsis con el crimen de Lucrecia Pérez

Madrid, El 13 de noviembre de 1992, la dominicana Lucrecia Pérez fue asesinada por unos encapuchados en el que sería considerado el primer asesinato racista de la historia de España, un crimen que provocó también «una catarsis» sobre la xenofobia en el país, según el embajador dominicano en España, Juan Bolívar.

Lucrecia fue asesinada en Madrid tiroteada por el guardia civil (agente de seguridad) Luis Merino Pérez y tres menores de edad en una discoteca abandonada donde se refugiaban migrantes sin hogar.

En una entrevista con EFE por el 30 aniversario de la muerte de Lucrecia, quien apenas llevaba tres meses en España, el diplomático recuerda que el crimen «se investigó, se encontraron a los responsables, hubo un proceso judicial y una condena».

En conjunto, los autores fueron condenados a 126 años de cárcel. 

Bolívar participará el sábado en un acto conmemorativo junto a la hija de Lucrecia, Kenia Carvajal.

«España hizo su catarsis porque no se ocultó el crimen, la sociedad española lo rechazó y lo consideraron como un primer crimen de odio, racista y xenófobo», rememora.

Significó, a su juicio, que la población española «identificara una realidad, que había unos inmigrantes que cumplían un trabajo».

«Los migrantes van donde hay trabajo y donde los necesitan, aquí las necesitaban, sobre todo a ellas», que ejercían las tareas que las mujeres españolas dejaban para incorporarse al mercado laboral.

Aunque no considera que «el sentimiento del español normal sea de racismo», matiza que «siempre hay algún racismo en todas las sociedades».

«Hay gente que tiene sentimientos racistas en todas partes y España no es excepción, hay grupos racistas que fomentan el racismo y la exclusión; cuando mataron a Lucrecia había españoles que no habían visto un negro nunca, pero eso ya no es así», declara.

MUJER, POBRE, TRABAJADORA DEL HOGAR 

Bolívar explica que en la década de los noventa y primeros años de este siglo España empezó a recibir mucha emigración dominicana de «mujeres pobres que venían a trabajar en el hogar».

«Las mujeres españolas se iban a la calle a trabajar y las dominicanas fueron encontrando ese nicho de inmigración», apunta antes de añadir que, después, vendría una oleada de migrantes formados, sobre todo odontólogos, así como estudiantes universitarios.

A día de hoy, el grueso de la comunidad dominicana en España, formada por 75.000 residentes y 115.000 dominicanos de origen, pero nacidos en España, trabaja en el sector de los servicios.

«El grueso está en los bares, restaurantes y hoteles, pero hay ya dominicanos en todas las profesiones», también en «la agricultura o la construcción», empleos que los dominicanos no suelen ejercer en su país, sino que allí también es cubierto por migrantes, en ese caso por haitianos.

«Siempre hay problemas de inserción laboral, en cualquier parte del mundo; en la medida en que la migración se hizo profesional aquí con estudios técnicos o con el aprendizaje de oficios, encontraron mejores oportunidades de trabajar», analiza.

LA MALA IMAGEN DE LAS BANDAS 

Según el embajador, los dominicanos que integran las bandas callejeras «son solo el 0,1 por ciento» del total de los migrantes de esa nacionalidad en España, pero perjudica a la imagen de su país: «Hay doscientos muchachos descarriados, no es significativo en términos de número, pero hace daño».

«Los grupos son liderados por dominicanos de origen porque casi todos son españoles de nacimiento, pero algunos no se han integrado debidamente en la sociedad española», explica.

Bolívar opina que estos chicos, que se ven implicados en delitos menores pero también en asesinatos, llegan a las bandas porque «de alguna manera se sintieron excluidos» y «a veces discriminados».

«Se fueron quedando fuera de las escuelas, las madres trabajan todo el día, muchos se quedaron en el parque o la cancha y se fueron juntando para constituir esas bandas de control del territorio», añade.

Por ello, la Embajada en España está «promoviendo un programa de intervención integral» en los barrios de Madrid con población dominicana «para hacer contrapeso» a estas situaciones.

«Hemos creado una fundación dominicana -explica- para prevenir la violencia juvenil, que es la que va a encabezar ese proyecto dirigido por profesionales que va a pagar el Estado dominicano».

Un trabajo que se unirá al que ya han comenzado sobre todo usando el deporte como herramienta para la integración social.

«Arrancamos con bastante fuerza porque dimos uniforme a los equipos de baloncesto de los barrios de Madrid donde hay dominicanos, hemos ido a buscarlos a las canchas para ofrecerles apoyo, uniformes, pizarras electrónicas, financiar torneos…», enumera.

Acciones que la Embajada lleva a cabo con las autoridades municipales y la policía. «Alguien tiene que estar ahí para tirarles un salvavidas en lugar de un estigma», apostilla. 

Macarena Soto

(c) Agencia EFE

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