No solo el rey: Romeo Santos quiere ser un superhéroe de la bachata

Una tarde húmeda en Florida, una tormenta de verano azota el impecable Rolls-Royce SUV blanco que se detiene en una esquina vacía en las afueras del centro de Miami. La ventanilla baja y una voz inmediatamente reconocible, suave y sensual, habla desde el asiento del chofer: “Entra”, dice, inclinándose para abrir la puerta del pasajero. Me acomodo en el puesto delantero, mortificada al ver la lluvia salpicar los asientos de cuero rojo. 

Puede que el auto sea ostentoso, pero el hombre en su interior no lo es tanto. Romeo Santos, el artista que llevó la bachata al ámbito global y se convirtió en una las estrellas más grandes de la música latina, viste pantalones a cuadros, una camiseta amarilla extragrande y una gorra de béisbol. Sus únicas joyas son un Rolex y una cadenita de oro. Lo acompaña solo su sobrino de 22 años, que funge como su asistente y que se encuentra tendido a lo largo de asiento trasero

Santos condujo desde su nueva casa al norte de Miami hasta a mi vecindario de Key Biscayne para tocarme la música de su nuevo álbum, Formula, Vol. 3, su primero desde Utopía de 2019, y el primero de su serie Fórmula desde el Vol. 2, que batió récords en 2014 y se mantiene en la lista Top Latin Albums de Billboard tras 386 semanas consecutivas, el máximo para cualquier álbum latino en la historia. 

Notoriamente reservado sobre su proceso creativo y su producción, ha permitido sólo a un puñado de personas escuchar el Vol. 3 al momento de esta entrevista. Aparte del sencillo “Sus huellas”, que no por casualidad lanzó el Día de San Valentín, pretende mantenerlo lejos de oídos ajenos hasta su lanzamiento el 1 de septiembre, otra fecha con carga simbólica por coincidir con el cumpleaños de su hijo mayor. (Santos, igualmente reservado sobre su vida personal, también tiene dos hijos pequeños con su pareja desde hace años). 

“Esto es lo que vamos a hacer”, me dice mientras conecta su teléfono a los parlantes del auto. Su SUV es su estudio preferido para oír música. “Voy a tocar canciones en grupos de tres y me dirás con honestidad lo que piensas de cada una, en el orden de la que más te guste”. 

Santos presiona Play y de pronto, mientras la lluvia tamborilea afuera suavemente, me encuentro sumergida en las palabras de Romeo, como él las llama a menudo en sus conciertos y grabaciones: un mundo de pasión donde el sexo es tan urgente que sucede con la ropa puesta, donde las mujeres engañan tanto como los hombres, donde el amor se aferra incluso frente a adversidades insuperables, donde las transgresiones pasadas se perdonan con la promesa de la redención. Después de todo, como canta lastimeramente con su agudo tenor en el nuevo tema “Solo conmigo”: “No puedo borrar tu historia/ni quien vino antes que yo […] Y me cuenta la almohada/Ha presenciado mucho sexo en tu colchón/Pero el amor solo conmigo”.

Santos es el primero en reconocer que la palabra hablada no le viene fácilmente, con su acento y su jerga del Bronx arraigados en su vocabulario mientras busca los términos correctos en inglés y español. Pero cuando escribe canciones, es completamente diferente: emana un torrente de vocabulario tejido en un relato que se desarrolla como una especie de novela y que sus fans memorizan con ferocidad y precisión. 

Vol. 3 tiene montones de las letras intrincadas de Santos, además de colaboraciones inesperadas — como con Rosalía y Justin Timberlake — que se han vuelto la columna vertebral de esta serie de álbumes. (Los anteriores incluyeron encuentros con Santana, Usher, Nicki Minaj y Drake). 

De lo que notablemente carece es cualquier semblanza de música urbana, sea reggaetón, trap o rap, o incluso cualquier artista urbano. Este es, sin excusas, un álbum de bachata, la música tradicional de desamor dominicana con base de guitarra que Santos puso de moda con su actitud, sus arreglos contemporáneos y su presencia de estrella. 

“Si hago una canción urbana, podría ser enorme. No quiero que sea una distracción”, dice sin arrogancia. “Tienes estos artistas increíbles que ahora están en su mejor momento ofreciendo música urbana. Yo quería marcar la diferencia y hablar por mi género. La bachata me necesita. Tenía que ponerme mi capa de Superman por mi cultura”. 

A sus 41 años, el artista llamado Anthony Santos al nacer ha llevado esa capa dos décadas seguidas. Como “Romeo” — su alter ego más sexy que inicialmente adoptó como vocalista principal del grupo Aventura — revolucionó el género, infundiéndole atisbos de R&B, letras explícitas (algunas de ellas en inglés) y, por supuesto, su voz de tenor alto. Cuando Santos comenzó, la única superestrella de la bachata era Juan Luis Guerra, el emblemático cantautor dominicano que popularizó el género entre los fanáticos de la música latina con arreglos sofisticados que dieron el salto a la radio de pop latino. Pero más allá de Guerra (y a diferencia de otros géneros tropicales), la bachata nunca despegó realmente en la radio estadounidense o internacional hasta que Aventura engendró una nueva generación de bachateros. Con 20 No. 1 en la lista Latin Airplay de Billboard, Santos es, por mucho, el líder de ese grupo. 

Ahora lanza Vol. 3 completo el 1 de septiembre sin ningún sencillo adicional en el mercado, algo potencialmente arriesgado para un artista de su talla, pero una muestra de la confianza que Santos tiene en su música y la responsabilidad que siente por su género. “Me he tomado este título de ‘Rey de la Bachata’ muy personalmente”, dice Santos, que le dio el nombre de “El Castillo” al estudio en su casa a las afueras de Manhattan y lo decoró con armaduras. El apodo de “rey” lo ha mantenido desde que Aventura lanzó Kings of Bachata en 2006. “Es una enorme responsabilidad. Era muy arriesgado, muy descarado decir: ‘¡Somos los reyes de la bachata!’ Pero se puede decir lo que uno quiera siempre que uno pueda respaldarlo, y me enorgullezco de eso. Quiero asegurarme de que todos mis álbumes, gusten o no, la gente pueda escucharlos y darse cuenta de que hubo algo de producción, que se trabajaron. Soy muy meticuloso en lo que a mi música se refiere. Cuando hago cualquier cosa, incluso una salsa, suena como Romeo Santos”. 

Vol. 3 suena mucho a Romeo Santos, desde el merengue rápido hasta la fusión de pop y bachata, como en “Sin fin” con Timberlake. Él y Rosalía grabaron videos con Santos en agosto y, a juzgar por el ejemplo de “Sus huellas” — la canción debutó en el primer lugar de la lista Latin Airplay y en diversos países gracias, en parte, a campañas radiales de tipo “takeover” en las que múltiples estaciones la tocaban varias veces al día — también es probable que se conviertan en hits. 

“Me gusta mucho que se mantenga fiel a sí mismo y que en lugar de adaptarse a lo que es tendencia, él sea la tendencia”, dice Afo Verde, presidente y director ejecutivo de Sony Music Latin Iberia. “Él siente que es un embajador. Y me encanta que en lugar de decir ‘voy a hacer un disco de reggaetón’, el hombre hace un álbum de bachata. Uno puede obsesionarse con los streams, pero hoy, la mejor manera de tener éxito es hacer un álbum extraordinario”. 

Para su amiga y colaboradora Rosalía, que no es ajena a hacer álbumes que desafían las posibilidades comerciales, el enfoque musical de Santos tiene sentido. “Un singer-songwriter que tenga temas que emocionen nunca pasará de moda, básicamente porque va más allá de la moda. Más allá de los trends, momentos y algoritmos”, dice. “Si además suena distinto a todo lo que antes has escuchado y a sus contemporáneos entonces no hay break. Romeo siempre ha hecho lo suyo y defendido su sonido, por eso siempre ha sido relevante”. 

La próxima vez que me reúno con Santos, es en un auto diferente: en el asiento trasero de un Escalade negro que circula despacio por Boston Road en el Bronx, donde nació y creció. Hacer las veces de guía turístico en su viejo vecindario no es la norma para el muy reservado Santos. Pero para comprender cómo pasó de ser Anthony a Romeo, hay que ver estas calles. 

“Esta la casa de mi familia, que mi madre se niega a dejar bajo ninguna circunstancia”, dice, señalando un modesto edificio de ladrillos de cuatro pisos que linda con un parque anodino. Una de las primeras compras importantes que Santos hizo fue una casa grande para ella en los suburbios, pero su madre nunca ha abandonado esta esquina del Bronx. “No tienes idea de las cosas que he intentado para sacarla de ahí”, continúa, “pero ella dice que se siente cómoda aquí, y tengo que respetar eso”. 

También está su antigua escuela primaria, donde se enamoró de su maestra de kindergarten, la señora Bisbano; la barbería donde se cortaba el pelo; el restaurante dominicano El Internacional, que le dio a Aventura sus primeros bolos pagando al grupo con comidas; la esquina en la que Santos salió ileso de un accidente cuando su automóvil chocó con un camión de bomberos que le salió al paso; la secundaria Morris donde comenzó a cantar. 

“Estaba muy seguro de que quería ser artista. Lo que nunca se me ocurrió es que podría vivir de eso”, dice. Haber nacido en el Bronx significa “estar expuesto a tanta cultura y géneros diferentes que uno va a ser un rapero, un cantante de bachata, un salsero o algo ilegal”, dice riendo. “Yo me convertí en un artista”. 

Como cantante principal de Aventura, Santos ya era una estrella establecida cuando se lanzó como solista en 2012. Luego que el sencillo del grupo “Obsesión” de 2002 se convirtió en un sorpresivo No. 1, el éxito de Aventura se disparó. Kings of Bachata pasó a ser el segundo álbum latino más vendido de 2007, según Luminate; The Last fue el más vendido de 2009; y Aventura tuvo la gira latina más grande en las listas de fin de año de Billboard para 2010, incluyendo conciertos completamente agotados en el Madison Square Garden de Nueva York. Cuando el grupo se disolvió en 2011, Santos firmó con Sony Music Latin y lanzó su carrera como solita con Fórmula, Vol. 1. Esto lo convirtió en el artista latino de mayores ventas en Estados Unidos durante dos años consecutivos. 

“A veces hay artistas que son capaces de llevar a la música más allá de su género”, dice Desiree Pérez, presidenta ejecutiva de Roc Nation (donde Santos fue brevemente director ejecutivo de la ahora extinta división latina; más sobre eso después). “Las puertas que ha abierto para los artistas de bachata de todo el mundo son tremendas. No tienes que cambiar tu música para presentarla al mundo, y eso es especial”. 

El éxito de Aventura y Santos, como bachateros criados en Estados Unidos que infundieron a su música una sensibilidad estadounidense, dio paso a una nueva generación de cantantes de bachata, muy en particular a Prince Royce, que en junio alcanzó el No. 1 de la lista Latin Airplay por decimoquinta ocasión, esta vez junto a la artista urbana argentina María Becerra. Otros, como Leslie Grace y Monchy & Alexandra, han visto su impacto estancarse la última década a medida que la música urbana se ha apoderado de las listas de popularidad latinas.

Pero, posiblemente gracias a Santos y su serie Fórmula, la bachata sigue siendo un elemento tentador del menú que artistas de diversos géneros — tropical, pop, urbano — degustan de vez en cuando en su música. Y en los últimos 12 meses múltiples artistas no bachateros, de Manuel Turizo y Rosalía (a dúo con The Weeknd) a Ivy Queen, han tenido éxitos con sabor a bachata. De igual manera, Santos, que por largo tiempo ha invitado a artistas urbanos a sus propias canciones de bachata, prestó su voz en 2020 a un puñado de remixes para Nicky Jam, Anuel AA y Arcángel. 

Para Vol. 3 tomó la decisión consciente de apartarse de eso. “Para ser completamente transparente, en este momento de mi carrera hay un par de millones de personas que respetan y aman lo que hago”, dice Santos. “No estoy compitiendo con nadie. En realidad, estoy compitiendo conmigo mismo en lo que se refiere a esta vibra de la bachata. Si estuviera tratando de conquistar a una nueva audiencia, quizás tendría esas inquietudes. Pero esta es música para gente que la apreciará. Si eres un nuevo fan y te conviertes en romeísta, eso también es una bendición”. 

Si bien Vol. 3 está impregnado de influencias dominicanas, las ambiciosas colaboraciones con artistas fuera del campo de la bachata definen a la serie Fórmula de Santos. En ese sentido, el que trabajara con Rosalía no fue del todo sorprendente; ella es una fan confesa de Santos y su sencillo con The Weeknd, “La Fama”, es una bachata. Sin embargo, la colaboración en sí fue algo complejo porque Santos quería crear una canción con Rosalía en lugar de darle un producto terminado a la cantante. Había intentado grabar con ella durante años — “Tiene un ADN de superestrella; así de grande como es, no hará más que crecer”, dice — pero sus itinerarios nunca cuadraron. Y cuando lo hicieron, Santos tuvo que tomar en consideración el hecho de que, como productora, Rosalía podía ir a la par de él. “Le puse delante algo que ella podía llevar a otro nivel”, dice. “Incluso con el video puse eso en sus manos. Le dije: ‘Me encantan tus visuales, me encanta como creas, quiero que se vea así’”. 

Con Timberlake fue distinto. Santos lo reverenciaba tanto como a los invitados previos a su Fórmula Usher y Drake, pero no se habían conocido y tenían pocas conexiones; tan solo calibrar su interés le tomó casi un año. Pero Santos se lo tomó como una misión particularmente personal y se esforzó por conseguirlo. 

“Noventa y nueve por ciento de mis discos son compuestos y producidos por mí”, dice. “Pero en el primer álbum de Aventura tomé ‘Gone’ de *NSYNC, la reescribí y traduje al español”, dice en referencia a una canción acústica del álbum We Broke the Rules que Aventura lanzó en 2002. “Es una locura como se alinean las cosas. Estábamos haciendo historia sin darnos cuenta”. 

Cuando al fin Timberlake se decidió, vino la tarea “fácil”: poner ante él “un disco que al menos tuviera sentido con mi historia”. Santos reclutó a su viejo colaborador Rico Love y al productor Danja (que coprodujo con Timbaland el álbum FutureSexLoveSongs de Timberlake en 2006) para completar “Sin fin”. 

“Dijo: ‘Me gusta’. Lo que respeto de JT es que no solo grabó su voz, sino que convirtió esa canción, que ahora pienso estaba a un 30%, en algo completamente diferente, para mejor”, afirma Santos. “Cambió la melodía, la letra; escribió, produjo. Hubo un momento en que yo estaba en el estudio y él dirigía a mi guitarrista. Para mí, fue algo surrealista: JT estaba produciendo una bachata”. 

Cuando Santos empezó a trabajar en Vol. 3 antes de la pandemia, no tenía la intención de que fuera una Fórmula. Conseguir la inesperada colaboración de Timberlake le condujo en esa dirección. De igual manera, los planes de producción se alteraron con los itinerarios de los colaboradores, y las grabaciones de los videos se retrasaron. (El de “Sin fin”, por ejemplo, se grabó en agosto). 

Pero Santos estaba empeñado en que el lanzamiento fuera el primero de septiembre. En vez de dar a conocer un nuevo single, eligió solo anunciar el 15 de agosto que Vol. 3saldría en dos semanas y concentrar todos los esfuerzos de promoción en la fase posterior al lanzamiento. (En redes sociales, el anuncio se limitó a publicaciones de la corona de un rey girando al son de un riff de bachata, junto con la fecha de lanzamiento). Aunque al momento de publicarse esta nota los detalles al respecto eran escasos, Sony planeaba un lanzamiento global que debía incluir una fuerte promoción en España y Latinoamérica, así como videos de cada tema. 

“Es la primera vez que hacemos algo así [sin sencillos] con un álbum completo, pero será a lo grande”, dice el consultor Artie Pabón, socio de negocios de Santos y coterráneo suyo del Bronx, además de lo más cercano que el cantante tiene a un mánager. “No me gustan las etiquetas como ‘mánager’”, dice Santos. “Siempre me he gestionado a mí mismo, más o menos, pero tengo un gran equipo en el cual confío”. Aparentemente, su apoderado por mucho tiempo fue Johnny Marines, exjefe de seguridad suyo que sigue siendo su amigo. Al igual que con Marines, Pabón y Santos se conocen desde hace años. Pabón fue quien contrató a Aventura para abrir el espectáculo de Don Omar en 2006, cuando el grupo era independiente y, según Pabón, considerado “poco estructurado” por muchos en el sector. 

“Aposté por ellos”, dice Pabón. “Todo se reduce a la música y el comportamiento del artista. Puedes tener buena música y unos hábitos terribles. Nunca he visto a nadie, en mis 33 años en el negocio, que trabaje tan arduamente como Romeo por su marca, su música y sí mismo”. 

Antes de la pandemia, Santos de hecho estaba por hacer algunos ajustes a su negocio. En 2017, firmó un contrato exclusivo para hacer giras en Estados Unidos con Live Nation, que promovió dos porciones de su tour por estadios Golden (incluyendo tres completamente agotados en el Madison Square Garden; el acuerdo ha expirado desde entonces, aunque Santos y su equipo están en conversaciones con la promotora). Live Nation también promovió la gira de reunión de Aventura de 2020-21, la cual, pese a verse truncada por la pandemia, redituó 46,6 millones de dólares y vendió 350.000 boletos para 19 espectáculos reportados, según Billboard Boxscore. 

En total, Aventura ha amasado 75,6 millones de dólares y vendido 769.000 boletos a lo largo de su carrera. Como solista, Santos ha recaudado 95,9 millones de dólares y vendido 1,1 millones de entradas en Estados Unidos, incluyendo su show de 2019 en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, que le valió 9 millones de dólares y para el cual vendió 60.000 boletos. (Este concierto se convirtió posteriormente en un álbum en vivo y una película). Y esto fue después de sus presentaciones consecutivas en el estadio de los Yankees de Nueva York en 2014, que le convirtieron en el primer artista latino en llenar ese recinto. 

Hoy, por supuesto, Bad Bunny realiza una gira por estadios cantando en español (en la que acaba de encabezar dos veces en el Yankee Stadium), y el Grupo Firme interpreta música regional mexicana en estadios donde se han agotado las entradas. Pero puede decirse que el potencial para que conciertos de esa magnitud siquiera tengan lugar fue por primera vez alcanzado por Santos, que elevó el listón de lo que otros podían lograr. 

“Rompió todas las barreras que cualquier artista tropical y de bachata había enfrentado”, dice Hans Schafer, vicepresidente senior de giras latinas para Live Nation. “Es uno de los primeros que comenzó este movimiento de mantenerse firme, y con esto quiero decir [cambiar] la estrategia de crossover de lanzar [música] en inglés. Fue uno de los primeros en decir: ‘Estos cantantes [que no son latinos] van a sumarse a mi sonido’. Creo que ese fue el precursor del boom latino que vemos ahora”. 

Si bien planea giras para 2023, que según Pabón incluirán de nuevo arenas y estadios, Santos se enfoca también en ampliar otras áreas de su negocio, específicamente en el cine y la TV como actor y productor. En 2019, firmó un nuevo contrato de agencia con Nigel Meiojas, en UTA. En su primer proyecto, Santos será productor ejecutivo de una película original de Amazon, Never Look Back, con un argumento desarrollado en el Bronx, y en sociedad con la empresa productora del actor y director mexicano Eugenio Derbez. El rodaje debe comenzar el próximo año, y Santos será productor ejecutivo de la banda sonora. También tiene una sociedad con Audible para desarrollar una serie con guion de ocho episodios inspirada en las letras de sus canciones, cuya producción debe de comenzar este año. 

Santos ha tenido buen instinto para discernir lo que conviene a su marca, así como para lo que simplemente no encaja. En 2016, fue nombrado presidente ejecutivo de Roc Nation Latino, una división de servicio completo de Roc Nation dedicada a la música latina. Abandonó el puesto pocos años después — sencillamente no era lo suyo — pero todavía dice que las lecciones que aprendió moldearon la forma en que piensa sobre su negocio hoy en día. “Estoy tan agradecido por esta oportunidad, pero no era el momento oportuno para mí”, dice. “Estar en Roc Nation me enseñó que hay que ser capaz de hacer muchas cosas a la vez y saber cómo dividir nuestro tiempo correctamente. En mi carrera he sido siempre demasiado apegado a hacer las cosas yo mismo, y me doy cuenta de lo difícil que es dividirse”. 

A fin de cuentas, lo que más sigue emocionando a Santos es hacer discos. “Riesgo”, “responsabilidad”, “reto”: todas estas son palabras que repite constantemente al referirse a su música, incluyendo su nuevo álbum. Estar en un sello importante, específicamente en Sony, encaja con su estilo creativo, que no admite premuras impuestas. Le gusta la estabilidad y el apoyo regional que la disquera le ofrece, permitiéndole concentrarse en hacer la música que le gusta de la manera que le gusta, con un infatigable enfoque en un género que puede haber resbalado pero que Santos se niega a dejar caer. 

“Si estos nuevos bachateros no encuentran un sonido único o una identidad musical que los haga especiales, puede que la bachata no desaparezca, pero terminarás escuchando los clásicos”, dice sobre el futuro del género. “Aunque hay mucho potencial, están recreando lo que ya se ha inventado o volviendo a utilizar la [misma] narrativa, de manera que no hay unidad. Estoy de acuerdo en que debemos colaborar, pero esa no es la razón principal por la que la bachata está trabada. Yo no colaboré con Royce y a él le fue bien. Quisiera ver a la bachata de la manera que veo a la música urbana: colaboran, pero más que eso, todos los grandes tienen sed y todos suenan diferente”. 

“Nunca estoy inseguro acerca de mi música”, añade con una sonrisa. “En otras áreas, no me siento tan confiado. Pero en el escenario y en lo que a mi música se refiere creo que soy el mejor”. 

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