Camila Cabello da muestras de amor propio al lucir su celulitis en un diminuto bikini

Yo también querría mostrar mi celulitis como Camila Cabello; ser tan valiente como ella a pesar de que ni me voy a convertir en trending toppic ni voy a ocupar las portadas digitales de medio mundo. Mi salida del armario sería mucho menos ruidosa que la de la cantante de moda, pero aún así, todavía no estoy preparada. Por eso admiro, con una mezcla de asombro y fascinación, a las que se atreven. Son sobre todo chicas jóvenes, mujeres recién estrenadas que se envalentonan y dan el paso de ponerse bikinis diminutos en cuerpos no normativos, o de dejarse al aire los pelos de las axilas sin depilar.

A la cantante de origen cubano la han pillado los paparazzi disfrutando del sol en la cubierta de un yate. Punto. Pero para el periódico británico que las ha publicado es una «descarada exhibición con un diminuto bikini naranja», porque lo de estás gorda, tápate ya no está bien decirlo, aunque lo pienses. El Daily Mail publicó las imágenes y el texto lo suficientemente ambiguo con toda la intención -que nos conocemos, señores- y el resultado fue una ola de insultos hacia la joven cantante de 25 años. Fofo. Obeso. Repugnante. Lleno de celulitis. Asqueroso. Y así. Gente que se asfixia subiendo dos plantas por las escaleras diciéndole que haga ejercicio a una mujer que se pasa las dos horas de sus conciertos bailando y cantando sin el más mínimo resuello. Manda soberbia.

Aún no aceptamos la diversidad corporal, como si quien estuviera fuera de los cánones no tuviera derecho a lucir su cuerpo porque «hace daño a la vista». Tened el cuerpo que queráis pero esconderlo, vienen a decir. Es irónico, porque suelen decirlo hombres de esos a los que la tripa llena de pelos les desborda por encima del bañador mientras se bambolean orilla de la playa arriba, orilla de la playa abajo, como espectáculo para los de la primera línea de mar. Cuerpo normativo el que tengo aquí colgado. 

Tras la publicación de las fotografías y los comentarios despectivos, otros medios de comunicación han tratado de defender a la cantante, aunque la venda ha sido peor que la herida porque su mensaje es que mostrar la celulitis como ha hecho Cabello es un mensaje de amor propio. Vaya. Quién nos hubiera dicho que mostrar nuestros cuerpos no normativos iba a ser signo de amor propio, como si nos dejaran hacerlo para que nos sintiéramos bien al lado de las macizas que sí que tienen derecho de cuna a mostrar sus carnes. «Camila Cabello dio lecciones de amor propio al mostrar su cuerpo al natural y sin retoques, disfrutando de un día soleado en el mar. Porque vinimos al mundo a ser felices y libres, no perfectas». Menuda manera de llamarla gorda celulítica atrevida.

Cómo llamarla gorda pensando que lo haces de manera elegante.
Cómo llamarla gorda pensando que lo haces de manera elegante.

También Camila Cabello ha escrito en sus redes sobre la polémica. La celulitis es normal, la grasa es normal, es hermosa y natural. No me va a importar esa mierda y espero que a vosotros tampoco. Estar en guerra con tu cuerpo ya no se lleva. Estoy agradecida con este cuerpo que me deja hacer lo que necesito hacer. Somos mujeres reales con curvas, celulitis, estrías y grasa.

Queridas, nadie nos va a enseñar a querer a nuestra celulitis, ni a las estrías del embarazo, ni a la tripa abombada y blanda, ni a los brazos regordetes y que ya empiezan a descolgarse. Pero son nuestros cuerpos, y son normales. Lo que no son normales son las abdominales marcadas en tripas sin un gramo de grasa -sobre todo en mujeres más allá de la menopausia- porque eso sí que significa someter a nuestro cuerpo a dietas y entrenamientos ultra específicos.

Y no, no somos unas perezosas de mierda por no tener la suficiente voluntad para hacerlo. Ni unas tragaldabas. Yo también tengo celulitis, como el 90% de las mujeres en edad fértil. ¿Y qué? Ni siquiera lo sabía hasta que alguien me dijo que exprimiera mis muslos y me fijara en ella. Quizá tampoco me habría dado cuenta de que tengo los brazos redonditos si no hubiera visto que ninguna de las chicas de las revistas los tienen. Y así nos pasa, que dejamos de aceptar nuestro cuerpo cuando nos comparamos con los de una minoría de mujeres que acaparan toda la atención mediática.

Tengo celulitis, y me gustaría ser tan valiente como Camila Cabello para ponerme este verano un bikini diminuto en la playa. Pero sé que no lo haré.

c…Carme Chaparro

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